Estás bonita

Te fuiste sin avisar, o eso pensaba. Las paredes no pueden moverse, y tampoco los años ni las pisadas. He caminado tantas veces sobre tu cuerpo de piedras, asfalto y ruido. Me has enseñado a ser persona, a tocar melodías bajo tu piel y provocar terremotos.

Me gustas, ciudad, aunque no te entienda y no te vea demasiado. Me gustas, ciudad, porque cuando llego te pones guapa para mí. Pero tú, tú siempre estás bonita y me cuidas como los primeros días, igual que hace siglos a tantos y tantos.

Eres la ciudad de las primeras veces, de los primeros miedos y canciones. La ciudad de la tinta grabada en sangre, del “volveré, pero no sé cuándo”. Te echo de menos, y otras veces te odio. ¿Cómo lo haces para que siempre vuelva a ti? Llego como pasajero, sin más maletas que un par de recuerdos –que mira si pesan- y allí tú me esperas. A veces te odio, sí, y querría borrarte; a veces me dueles y no desapareces, y otras me llamas de madrugada.

Están los de siempre, y que estén mientras puedan; también los que vuelven, y los que se quedan, pero tú no te mueves. Adornas tus calles y parques de vida, y así en Cánovas siempre se hace primavera. Me coges a hombros hasta la montaña, y allí desde arriba me dices: “te espero”.

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Danza nueva – Piano

He compuesto algo bastante especial para mi, necesitaba compartirlo y aquí lo tenéis. Espero que lo disfrutéis.

“La vida incita al movimiento, a no pararse, a no pensar qué vendrá mañana, y dejar que el mañana venga por si sólo. Aquello que no se entiende, que llega de golpe, que rompe cimientos, nos hace detener la marcha y replantear el rumbo. Pero no es el fin de la obra, sino un silencio en la melodía. Porque la danza sigue, aunque no nos diéramos cuenta, porque todo puede ser nuevo. Porque no estamos solos en esto.”

Compuesto, interpretado y grabado por Ángel Rubio.
Masterizado por Jose Luis Torreño.
Fotografía de Ángel Hernández Gómez.

Mientras duermes

Agarrado a una cuerda sobre el precipicio tu cuerpo espera. Sin miedo, con calma, tu cuerpo espera. Ventanas cerradas, media luna, paredes blancas. Está el universo en un sólo sitio, concentrado. Pequeño Big Bang de bolsillo y primicia de un mundo en expansión.

Todo es eterno cuando no hay tiempo, cuando es infinito el momento hasta mueves ficha y comienza la partida. Así te contemplo, como a los patos en el estanque, como a los peces tras la corriente: como aquello que desaparece cuando le quitan el protagonismo. Porque no importa, mientras duermes.

Hace tanto que la ciudad vive. Ya pasean a los perros, y salieron los diarios. Hay parejas en la playa, y hasta en el supermercado. Mujeres que dan a luz, y otras que pierden la vida. Analistas, abogados, costureros y pintores.

Poetas sin razones, porque duermes.

Cancionistas sin canciones, porque duermes.

Vive el mundo entero mientras duermes; a media asta, porque duermes, a la espera, congelado; como quien llega a la cita antes de tiempo, por no acabar en el lugar equivocado. Atenta la ciudad, a la espera. Para que, cuando abras las ventanas, arroje leña a sus motores, se iluminen las calles y respiren las chimeneas.

Despertarás, y todo los demás entrará en movimiento. Abrirás los ojos, y devolverás la luz que nos hace falta.

Pero yo, teniéndolo todo, tendré que esperar un día entero para verte dormir de nuevo.

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Déjame sacar la barca

Cuando suba la marea déjame sacar la barca.

Que se me mojen los pies, y las manos, y la cara.
Y que me moje por dentro, y que me cubra de algas.

Cuando suba la marea déjame sacar la barca.

Y me vean los pescadores, cuando traigan a sus casas
redes llenas de peces, cubos llenos de agua.
Que me desborde la brisa, que se rían mis pisadas
de las olas con la risa que sueltan cuando cabalgan.

Cuando suba la marea déjame sacar la barca.

Y si no sube que espere la luna a beber su mar,
por si me adentro más dentro, más dentro
de la corriente
y no tenga que pescar
aunque lo pida la gente.

 

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Antibiografía IV

Me gustan los viajes de regreso,
el “double check” que acaba consumado,
las puertas de los cuartos sin candado,
un nuevo paladar por cada beso.

Me gusta recatarme en el exceso,
el punto B jamás imaginado,
pasar cada borrón en el pasado,
saber que sin ceder soy solo hueso.

Me gusta el “erreté” desconocido,
el billete de diez bajo la cama,
el kebab de euro cincuenta, el “porque puedo”.

El tacto que te entra por el oído,
las series a la noche con pijama,
pensar que si me tocas, ya no hay miedo.

Antibiografía III

Me gustan las miradas con retraso,
jarabes de placer en la alcazaba,
respuestas que me hacen perder la baba,
el gas del optimismo en medio vaso.

Me gustan las apuestas con sorpasso,
las manos por debajo de la mesa,
oxígeno de olor sabor a fresa,
que me hable el miedo y yo no le haga caso.

No oculto en Re Mayor los temporales,
prefiero navegar sin estatutos
que dicten lo que hacer en cada año,

el cierre de sesión en los portales,
los audios de ciento quince minutos.
Me gusto a mi aunque me haga tanto daño.