Desde nunca

La puerta se cerró, y su todavía
dio muerte al cardiograma con letargo.
Las noches en que mienten mis cenizas,
me hacen cambiar tu “nada” por mi “algo”.

El pelo recogido sin su risa,
ni la mía cual “bluesman” de cuarto oscuro,
y el puro de bodas de oro que perdimos,
cuando por ese “quizás” lo vendí todo.

Se jubiló la ronca voz de aquel portero,
que no llamó jamás para decirme,
que me esperaba desde nunca un usurero.

Qué más da librar sentencia o mil batallas,
si al final no gana el más justo ni el más noble.
Normal así que asusten los “te quiero”.

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