Con hache muda

Aún no entiendo cómo existe la inocencia
cuando sigues paseando por las calles.
Haces de este mundo un barco, y tú: Venecia.
Te desean hasta las barras de los bares.

Quisiera demostrar que la violencia
deja estragos en siluetas que no saben
que al destino se le agota la paciencia,
por tatuarse ese “tu y yo” donde no cabe.

Ya no riego tus jardines de anarquía.
Tenga lo obvio el beneficio de la duda,
huyan de la soledad todas sus prisas.

Olvidarte fue la más triste hamartía:
del verbo “hamar”, con hache muda.
Intercalada entre tu falda y mi camisa.

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