Querido Septiembre

Llegas por sorpresa y reconozco que no sé si darte la mano o la espalda, pero llegas, y es algo que no puedo evitar. Llegas, y entre tanta prisa me limpio la arena de los pies, sacudo mis zapatos, arranco un trozo de piel al calendario y despido a Agosto con un “vuelve cuando quieras”.

Eres el mes en que comienza el año: un lunes a mitad de semana. Tras de ti quedan veranos de cambios, de sueños cumplidos y otros no tanto. Veranos de tardes en la playa y noches en el cielo, quemado por el sol y la ausencia de tantas cosas que nos prometieron.

Debo reconocer que el simple hecho de verte me infunde respeto. Te veo tan sólo un mes al año y no sé si habrás cambiado, ni qué te traes entre manos. Me dan miedo los pasos que marcas, y me animan las puertas que abres. Caras nuevas y nuevos vacíos, otros lugares y tantos escondites. Nuevas canciones y fuertes silencios. No sé qué tienes, Septiembre.

Hagamos un trato. Yo no espero nada de tí, limítate a sorprenderme y limpiemos tu mala fama, sin propósitos ni tantas tonterías que inventamos cuando hablamos de cosas que  sabemos que no vamos a hacer nunca. Con algo de suerte tal vez nos llevemos bien.

Querido Septiembre, no sé que me tienes preparado. Seguro que algo nuevo, algo distinto, algo grande, y con la gracia de siempre. Y que venga tras de ti lo que quiera venir. 

Querido Septiembre, no me defraudes.

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