Ventanas

Abres dos ventanas y encuentro a lo lejos un mar infinito. Pasan los barcos y siguen la luz que dejas, sobre un mar embravecido anuncias la calma. Te siguen, buscando tierra firme, llegando algunas veces, y otras al desastre. Llegan unos cargados de tesoros, otros terminan un largo viaje, y otros, simplemente, vagan a la deriva de lo que no tiene mucho sentido.

A tu lado pasan gaviotas y corre el aire, un sol radiante que choca con dos vidrieras que te protegen, dos cortinas, y un universo por cada una.

Cuenta la leyenda, que algunas veces, cuando el pasado se te acerca por delante y te recuerda tantas cosas, tus vidrieras se tiñen de rojo, y dos cataratas caen con fuerza de lo alto de la torre. Hay quien dice que a veces los faros te llevan a sitios equivocados, pero ¿qué importa eso cuando no tienes un destino decidido?

Entonces cuando cae la noche, sacas la luz que llevabas dentro, y pestañeas. Un haz que indica, en la tormenta, un buen lugar para perderse. Dejo mi barco, y subo por tu cuerpo, más arriba, y más arriba, y más arriba, sin pensarlo. Miro fijamente las dos ventanas, y dos vidrieras, y las abro. Pestañeas, mantengo la vista, ciego me asomo y me doy cuenta de que no me equivocaba. Me asomo más y más, para ver lo que tu ves, y más cerca, y más cerca…

…y caigo por la ventana.

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