Ser borde es un deber

No se engañen: con este escrito no pretendo agradar, ni dar soluciones, ni decirles lo guapos/as (como se dice ahora) que se han levantado hoy. En la era del like fácil y el halago barato, ser borde no es sólo una obligación, sino también un acto de justicia.

Al borde se le conoce por su compasión, porque para serlo antes hay que ganárselo. Saber bajar los aires ajenos a la misma velocidad a la que subieron, porque sabe que los egos pesan, y lo que pesa, por lo general, molesta. Y para que le molesten otros, prefiere ser él el que lo haga.

Molestar es bueno: como molestaba Gandhi al gobierno, o Galileo a la iglesia, o la buena de Miley al colectivo de empresas de demolición. Molestar provoca cambios, y como mínimo replantearse el camino. Si esto no funciona, al menos nos echamos unas risas.

Porque para el borde, el cliente nunca lleva la razón, y es el otro el que no quiere que se la des. Aburrido de su monótona vida, daría lo que fuese porque le dijeras que su camisa es de lo más feo que has visto nunca, o bromear sobre su inteligencia, o su forma de andar, incluso cuando seas más guapo, más listo, o vistas mejor. El borde lo hace por ti, y como dije al comienzo, es compasivo y quiere hacerte replantearte las cosas. Al borde le interesa mucho muchísimo tu opinión, y así te lo demuestra y te lo agradece, al igual que el reportaje de fotos que subiste ayer a Facebook, o el artículo que escribiste en tu blog de mierda sobre gente borde: porque todo el mundo sabe lo interesantísimos que son.

El secreto de todo esto se encuentra en que el borde no va en serio. Ser borde las veinticuatro horas del día (incluidos fines de semana) sería agotador para una sola persona. En ocasiones al borde no se le nota la intención, y allí se encuentra su virtud: pasar desapercibido entre el mundanal ruido mientras propropaga su bien a escondidas, provocando los cambios más profundos que necesita esta sociedad.

Espero que hayas disfrutado bien poco de los dos minutos que has dedicado a leer este artículo. Tal vez así comiences a replantearte en qué pierdes el tiempo, y entonces, me lo agradezcas.

20081223elpepivin_2
Ilustración de Forges
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